
La última incorporación a la familia Google es Google Buzz, un "componente social" parecido a Facebook y, especialmente, a Twitter, pero aplicado sobre Gmail en lugar de desarrollado individualmente.
Viendo las reacciones que ha despertado, es evidente que la luna de miel entre Google y parte de la sociedad, en especial la que sigue más de cerca las novedades tecnológicas, se puede dar terminada; una gran cantidad de reacciones ha sido negativa. Las críticas se articulan en tres frentes:
- A la aspiración de Google de ocupar todo el espacio digital; su estrategia de lanzar servicios parecidos al de otras empresas, sumada a su potencial económico y la posibilidad de usar como trampolín de lanzamiento los medios que ya tiene, etc, hace que casi toda empresa digital sea una víctima en potencia de su voracidad.
- Al fin último de sus iniciativas: aumentar y enriquecer el perfil y el inventario publicitarios (algo que, como trabajador del sector, difícilmente voy a criticar)
- A los riesgos en cuanto a privacidad (ver por ejemplo:
Google Buzz Has A Huge Privacy Flaw) que entraña centralizar tanta información personal en los servicios de Google cuando a éste, por su estrategia empresarial, le interesa que la información sea visible.
Hay que señalar que todos los servicios de Google en los que se puede introducir información personal disponen de herramientas para salvaguardar la intimidad; pero no es menos cierto que la gran mayoría de usuarios nunca se preocuparán de cambiar la configuración por defecto, en especial a causa de la complejidad de tantos servicios entrelazados, y es seguro que Google (seguramente la organización mundial que tiene más información acerca del comportamiento de la gente en línea) ha de ser consciente de ello.
Veremos cómo se desarrolla la jugada. Por una parte, construir Buzz sobre la base de Gmail le facilita una gran cantidad de usuarios potenciales, que quizá hasta ahora no habían usado redes sociales pero puede que lo hagan ahora que las tienen a un clic de distancia de la bandeja de entrada de su correo, o se muden desde las ya existentes; por la otra, es una apuesta arriesgada añadir una utilidad que para muchos será superflua en un servicio ya bien definido y maduro.